Durante la Depresión americana a
partir de 1929, los bancos atravesaban una crisis sin precedentes.
Muchos de ellos quebraban de la noche a la mañana, llevándose
consigo los ahorros de muchos trabajadores honrados. Esta inestabilidad
económica hizo que el pueblo estadounidense desconfiara de las
entidades financieras. En semejante contexto social, no es extraño
que los atracadores de bancos no estuvieran del todo mal vistos.
No es que los ciudadanos los apoyaran, pero había un aura a
lo Robin Hood en aquellos rebeldes que robaban el dinero a las
personas que se lo quitaban a la gente. El más famoso atracador
John Dillinger fue el más célebre atracador de bancos de la
historia del crimen americano, por encima de Bonnie & Clyde.
El pueblo seguía con interés las emocionantes historias de estos
personajes como si fueran protagonistas de un serial radiofónico.
Además, solía tratarse de personas atractivas, envueltas en
una aureola de glamour y capaces de ridiculizar a la policía
y a los poderes públicos. En un periodo de desengaño y escepticismo
político, los delincuentes como Dillinger se convirtieron en
mitos, en iconos imperecederos de la cultura popular americana.
Sus vidas fueron llevadas al cine y al cómic. Sin ir más lejos,
se han realizado infinidad de peliculas sobre Dillinger, dirigidas
por cineastas como Max Nosseck, John Milius y Rupert Wainright.
Pero lo que ahora resulta más interesante es indagar en los
hechos reales que inspiraron estas películas. Una infancia problemática
John Dillinger nació el 22 de junio de 1903 en Indianapolis
(Estados Unidos). Hijo de un modesto tendero de clase media,
desde pequeño demostró una tendencia al delito: robaba carbón,
se metía en peleas y amenazaba a sus compañeros de escuela.
En su adolescencia, obsesionado con las mujeres, acostumbraba
a alternar con prostitutas y robaba coches para impresionar
a las chicas. Las autoridades locales fueron mayormente indulgentes
con él, hasta que a los 21 años participó en el atraco a una
tienda. Fue condenado a ingresar en el reformatorio de Pendleton.
Un aprendiz con buenos maestros En el reformatorio, el joven
delincuente trató de escaparse en diversas ocasiones. A causa
de ello fue trasladado a la prisión de Michigan City. Si bien
la vida era más dura en esta nueva institución, para el futuro
criminal fue una oportunidad de introducirse en el hampa. Allí
entró a formar parte de la élite de la cárcel: los atracadores
de bancos. En prisión conoció a sus futuros compañeros de oficio,
como John 'Red' Hamilton y Walter Dietrich. Este último, que
había aprendido los mejores trucos del legendario atracador
Herman K. Lamm, fue el maestro de John Dillinger. El método
de Lamm establecía diversas reglas que éste cumpliría en todos
sus golpes: primero había que estudiar el banco, conocer perfectamente
cada detalle. Después había que atribuir un cometido concreto
a cada hombre que participara en el robo. Había que establecer
un tiempo límite para abandonar el lugar, con el botín o sin
él. Finalmente, era necesario conseguir un coche rápido y trazar
una ruta de huida inteligente. Dietrich y los suyos habían desarrollado
un plan de fuga, pero para ello necesitaban dinero para sobornar
a los guardias. Así pues, hicieron un trato con John Dillinger,
al que le quedaban apenas unos meses para abandonar el penal.
Él les conseguiría el dinero y las armas, y ellos a cambio le
servirían de intermediarios para contactar con las personas
adecuadas en el mundo del crimen. Así pues, cuando Dillinger
salió, cometió atracos hasta conseguir la cantidad suficiente
para que sus amigos huyeran. Irónicamente, cuando éstos escaparon
tuvieron que asaltar otra penitenciaría para liberarle a él,
que había sido detenido de nuevo por robo de banco.
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